¿Nuestros hijos sí, pero nuestras empresas no?

Ignacio Amirola


Sinceramente, siempre he sido un firme defensor de la internacionalización en todos los sentidos, tanto desde el punto de vista personal como profesional. Hoy en día, cuando invertimos en la formación de nuestros hijos, en ella no faltan los idiomas y las estancias en el extranjero, siendo la internacionalización un aspecto fundamental en su educación. ¿Por qué no nos aplicamos el mismo principio y empezamos a ver nuestras empresas con la ambición de que podemos competir globalmente? Siempre es fácil buscar excusas para auto justificarnos el miedo a invertir en el extranjero. Sin embargo cada día son más las empresas que dejan el miedo a un lado y buscan oportunidades de negocio fuera de nuestras fronteras.

Desde hace ya más de una década las empresas fabricantes de bienes materiales tradicionales como el sector calzado, el mueble o el juguete, iniciaron el camino de la internacionalización; analizaron nuevas oportunidades de producción y ampliaron sus destinos de venta. En los últimos años las empresas de servicios españolas, también han aumentado su volumen de negocio, siendo Asia y Sudamérica sus principales destinos.

Antaño internacionalizarse era una opción de las empresas más grandes, hoy, es una obligación de grandes y pequeñas, no sólo como mecanismo para afrontar la crisis sino como evolución natural de las empresas. La internacionalización no tiene nada que ver con la crisis, sin embargo, bien es cierto que la coyuntura económica española ha forzado a muchas empresas a iniciar esta aventura.

El sector exportador debe aumentar su fortaleza en industrias y productos con un mayor componente tecnológico, y es aquí donde las empresas de servicios tecnológicos deben jugar un importante papel. Es imprescindible la mejora de la productividad mediante mejoras tecnológicas y la innovación y así potenciar la venta de nuestros productos y servicios en el extranjero. Veamos algunas estrategias posibles.

La estrategia que más emplean las empresas españolas es competir en especialización y valor añadido, buscando cubrir una necesidad en un nicho de mercado determinado y mediante una solución tecnológica e innovadora. Esto tan sólo se puede conseguir aumentando las inversiones en I+D+i.

Estar presente en otros países requiere aumentar el tamaño de las empresas, bien de forma orgánica, bien mediante adquisiciones, si se consigue el capital necesario, o simplemente mediante joint-ventures. Debido a una variedad de factores las empresas de mayor tamaño son más productivas. Para fomentar el aumento en el tamaño empresarial no podemos influir en el papel del gobierno, sin embargo podemos influir en desistir de la autocomplacencia. Debemos intentar dejar de hacer alianzas a medias tintas con el simple objetivo de aumentar levemente nuestras ventas, y deberíamos pensar en el bien común de las empresas de nuestro entorno. Como en la teoría de juegos; si me alío, buscando solo mi beneficio en vez del beneficio común (o incluso el del contrario) ambas partes perdemos, pero si nos aliamos pensando en el beneficio común, o incluso en el de la otra parte, y las dos partes hacen lo mismo, ambos ganamos el doble.

Otra estrategia de internacionalización de la empresa, consiste en orientarse hacia las nuevas fuentes de demanda a nivel global. En la próxima década una buena parte del aumento del comercio internacional se dará en Asia y América. En la actualidad, un 75% de las exportaciones españolas se dirigen hacia mercados europeos. Si pensamos que el crecimiento del PIB mundial vendrá de las economías emergentes, una prioridad debe ser invertir en ellas.

De forma general y sin ánimo de ser exhaustivos, varios son los criterios que se deben estudiar a la hora de elaborar una estrategia de internacionalización. La disponibilidad de personal cualificado a precios más competitivos que los nuestros, la proximidad cultural, la legislación aplicable, los modelos de negocio implantados, la proximidad geográfica a los clientes de los servicios de desarrollo suministrados, la existencia de infraestructuras básicas suficientes para garantizar determinadas facilidades al centro productivo (telecomunicaciones, proveedores de tecnologías, proveedores diversos, comunicaciones), etc.

A la hora de iniciar el camino de la internacionalización, no debería hacerse de forma improvisada, sino que deberíamos tomarnos el tiempo necesario para meditar detenidamente nuestros objetivos de internacionalización, el alcance de nuestra empresa, y, en base a la capacidad de expansión, hacer un plan de negocio. Para conseguir el éxito en el análisis y la planificación del proceso de internacionalización, deberían cubrirse al menos los siguientes aspectos.

En primer lugar es importante hacer un pequeño diagnóstico de nuestra organización. Cuáles son nuestras competencias, nuestra tipología de clientes fundamental, nuestras mayores fortalezas y debilidades, y las amenazas y oportunidades del entorno en el que estamos. Sabiendo cuál es nuestro fuerte, es importante definir cuál va a ser la estrategia y el modelo de negocio que vamos a seguir en nuestra aventura internacional. ¿Vamos a competir en especialización, vamos a competir en costes, y por tanto en volumen? ¿Con qué tecnología vamos a competir? ¿Nos vamos a centrar en un determinado sector o nicho de clientes? ¿Qué tipo de aliados estratégicos necesito? Tenemos que pensar que a la hora de iniciar el camino de la internacionalización no valen nuestras estrategias tradicionales, es decir, tengo un producto que ya no vendo aquí y me voy a limitar a buscar a quién vendérselo fuera. Eso en general no funciona. Hay que buscar factores que verdaderamente nos diferencien. Factores que sean únicos.

Debemos estudiar los mercados en profundidad para identificar aquellos en los que nos vamos a querer centrar, sus peculiaridades, su legislación fundamental, etc. Los mercados objetivos no tienen porqué ser países, sino que pueden ser empresas de un determinado sector independientemente del país en el que estén. Y finalmente, debemos profundizar en un nuevo plan estratégico de internacionalización.

Debemos de intentar buscar el ecosistema adecuado para nuestro negocio, donde haya empresas de éxito, clientes, innovación, e inversores potenciales. Cuando se busca crear algo nuevo es lógico que en ese proceso nos podamos equivocar, no hay que tener miedo a ello. En el proceso de internacionalización es difícil triunfar a la primera y se debe ir preparado para un posible fracaso inicial, es parte de la inversión y no hay que perder la esperanza del éxito.

La clave de una buena implantación del plan es impregnar la empresa de la nueva cultura de internacionalización; garantizar la excelente formación de todas las personas, aumentar los recursos y los resortes y adaptar la estructura de la empresa.

Por último, una recomendación para que las empresas tengan un viaje exitoso, no olvidar meter en la maleta buenas dosis de Talento, Sentido del riesgo, Creatividad, Imaginación, Ideas, Pasión por inventar, y sobre todo, que no tengan miedo al fracaso.